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	<title>The G Complot &#187; nomemory</title>
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	<description>Cultura y tendencias para gente del siglo XXI</description>
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		<title>Fin de Año</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Feb 2009 16:08:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>In Mensa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todos los años la misma historia. «No pienso salir en fin de año. Me niego. Está todo hasta la bandera, todo dios va pasadísimo y nunca encuentro taxi. Es como cualquier otro fin de semana, pero más caro.» Y como siempre, se acerca el día señalado, no tengo nada programado y me pongo como loco a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--:es-->Todos los años la misma historia. «No pienso salir en fin de año. Me niego. Está todo hasta la bandera, todo dios va pasadísimo y nunca encuentro taxi. Es como cualquier otro fin de semana, pero más caro.» Y como siempre, se acerca el día señalado, no tengo nada programado y me pongo como loco a buscar plan. Pero a diferencia de otros años, esta vez, mientras tomábamos té y tarta en una cafetería del centro y discutíamos desganados sobre qué hacer, se nos ocurrió algo diferente y atrevido.<!--:--><span id="more-225"></span><!--:es--></p>
<p>«¿Y si hacemos una fiesta en plan travesti?» No hizo falta decir más. Desapareció la mala gana. Todos empezamos a hablar de la ropa fantástica que nos íbamos a poner, del tacón de medio metro que íbamos a calzar y de dónde íbamos a sacar la peluca. Sólo había una condición: currarnos la transformación. Nada de disfrazarse de mamarrachos como en carnavales. Teníamos que estar elegantes. Nos lo tomamos tan en serio que incluso acordamos contratar un cóctel chulo en alguna empresa de <em>catering</em>. «¿Y dónde hacemos la fiesta?» Se hizo el silencio. Era domingo. Apenas teníamos dos días para organizarlo todo. Había que ponerse a buscar ya.</p>
<div>
<div>
<p>A la mañana siguiente tiramos de teléfono y de agenda. Después de muchas llamadas, lo único decente que conseguimos fue el piso de un amigo en la zona del Puerto. A ninguno le hacía especial ilusión, pero menos da una piedra. El golpe de gracia llegaría unas horas más tarde: a nuestro amigo le había dado un lumbago de campeonato. No podía ni moverse de la cama. No podíamos contar con su casa. Estábamos por cancelarlo todo, pero una mano amiga nos sacó del aprieto.</p></div>
<div>
<p>Ese mismo lunes fui a almorzar con C. a uno de nuestros restaurantes favoritos. Le dábamos vueltas a la cabeza intentando encontrar alguna solución cuando el dueño del restaurante vino a saludarnos: «¿A qué vienen esas caras? ¿No tienen nada para fin de año?» «Íbamos a hacer una fiesta. Pero no encontramos dónde.» «¿Ah, no? Yo les puedo conseguir un apartamento en el sur, si les sirve.» Vimos los cielos abiertos. En menos de media hora teníamos no uno, sino dos apartamentos en un complejo que estaba enfrente del Yumbo.</p></div>
<div>
<p>Por suerte, el <em>catering</em> no fue un problema. Ahora sólo me faltaban los trapitos. Había que ir elegante. Eso descartaba el disfraz de <em>Gavilana </em>de hacía dos carnavales y el kimono del año pasado. Tampoco tenía (y sigo sin tenerla) ninguna amiga de metro ochenta que gastase la talla 44. No había otra opción: tocaba ir de compras, aunque por lo general, mi tarjeta llora de dolor a finales de diciembre. Menos mal que los chinos son baratos y tienen de todo. Y para mi sorpresa, las dependientas estaban encantadas con nuestra idea y no hacían más que sacarnos trajes y zapatos. No conseguí lo que buscaba, pero esperaba pasar inadvertido entre la elegancia de mis amigos. Me equivoqué.</div>
<div>
<p>Llegó el gran día. Nos depilamos. Mal. Nos maquillamos. También mal. Los trajes eran menos glamurosos de lo que todos esperábamos, los tacones nos mataban, nos faltaban complementos y las pelucas perdieron todo su esplendor a los tres minutos de ponérnoslas. El resultado: unos mamarrachos. Eso sí: el <em>catering</em> estupendo. Y teníamos alcohol. Mucho alcohol.</div>
<p>Empezó la fiesta. Hicimos el <em>photocall</em>. Comimos. Bebimos. Bailamos <em>syrtaki</em>. Celebramos la primera boda ortodoxa de lesbianas. Bebimos. Hubo una tentativa de homicidio. Posamos para la portada de un disco. Bebimos. Tomamos las uvas. Partimos el año. Bebimos. Vimos los fuegos. Entablamos amistad con un familia islandesa. Bebimos. Y lo registramos todo con un amplio reportaje fotográfico que espero que nunca vea la luz.</p>
<p>Entre foto y copa, nos dieron las tres de la mañana y el cuerpo nos pedía fiesta. «¿Vamos a salir así?» Nos miramos socarrones. Alguno puso algo de resistencia, pero no tardó en ceder. De modo que nos recolocamos las pelucas, agarramos nuestras <em>pashminas </em>de «todo a un euro» y dejamos el apartamento.</p>
<p>Y ahí íbamos con nuestros taconazos. Los seis travelos del apocalipsis: Las Grecas, una alemana bollera de los 80, la rubia de ABBA, Tracey Thorn en sus horas más bajas y una madre judía. Todos camino del Yumbo dispuestos a armarla. Y la armamos. Pero esa es otra historia.</p></div>
<p><!--:--></p>
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		<title>Buscando trabajo</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Jan 2009 18:17:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>In Mensa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[﻿Fa uns anys jo vivia a Madrid i no tenia ni un dur. Em vaig posar a buscar feina en l&#8217;únic que podia fer: cambrer en qualsevol bareto. Vaig sortir a passejar pel meu barri a la recerca de l&#8217;aliment i després de molts locals, de moltes negatives i d&#8217;algunes tasses trencades, vaig arribar a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--:ca-->﻿Fa uns anys jo vivia a Madrid i no tenia ni un dur. Em vaig posar a buscar feina en l&#8217;únic que podia fer: cambrer en qualsevol <span class="unknown">bareto</span>. Vaig sortir a passejar pel meu barri a la recerca de l&#8217;<span class="alternative">aliment</span> i després de molts locals, de moltes negatives i d&#8217;algunes tasses trencades, vaig arribar a la porta d&#8217;un bar que estava en la posterior de la Plaça 2 de maig. Si m&#8217;hagués fixat millor en els detalls (i hagués tingut més dolenta idea), és probable que no hagués <span class="alternative">trucat</span> al timbre.<!--:--><!--:de-->
<p>Hace unos años yo vivía en Madrid y no tenía ni un duro. Me puse a buscar trabajo en lo único que podía hacer: camarero en cualquier bareto. Salí a pasear por mi barrio en busca del sustento y después de muchos locales, de muchas negativas y de algunas tazas rotas, llegué a la puerta de un bar que estaba en la trasera de la Plaza 2 de Mayo. Si me hubiese fijado mejor en los detalles (y hubiese tenido más mala idea), es probable que no hubiese llamado al timbre. <!--:--><!--:en-->Hace unos años yo vivía en Madrid y no tenía ni un duro. Me puse a buscar trabajo en lo único que podía hacer: camarero en cualquier bareto. Salí a pasear por mi barrio en busca del sustento y después de muchos locales, de muchas negativas y de algunas tazas rotas, llegué a la puerta de un bar que estaba en la trasera de la Plaza 2 de Mayo. Si me hubiese fijado mejor en los detalles (y hubiese tenido más mala idea), es probable que no hubiese llamado al timbre. <!--:--><!--:es-->
<p>Hace unos años yo vivía en Madrid y no tenía ni un duro. Me puse a buscar trabajo en lo único que podía hacer: camarero en cualquier bareto. Salí a pasear por mi barrio en busca del sustento y después de muchos locales, de muchas negativas y de algunas tazas rotas, llegué a la puerta de un bar que estaba en la trasera de la Plaza 2 de Mayo. Si me hubiese fijado mejor en los detalles (y hubiese tenido más mala idea), es probable que no hubiese llamado al timbre. <!--:--><span id="more-155"></span><!--:ca--></p>
<p>Em va obrir la porta un <span class="unknown">madurito</span> barbut vestit de cuir que semblava sortit de <span class="unknown">La</span> ostra azul. Fins i tot portava una gorra <span class="unknown">leather</span>. «Véns per allò del anuncio?» Anunci? Quin anunci? «Sí, claro.» «Espera. ¡¡<span class="unknown">Fran</span>!!» <span class="unknown">Unos</span> segon després el cap de <span class="unknown">Fran</span>, i <span class="unknown">slo</span> el seu cap, va sortir entre unes cortines. «<span class="unknown">Viene</span> per allò del anuncio.» <span class="unknown">Fran</span> em va mirar de dalt a baix. «Que pase.» <span class="unknown">Y</span> el seu cap va desaparèixer novament.</p>
<p>﻿Passem al rebedor del <span class="unknown">garito</span>. Jo anava a continuar quan el <span class="unknown">madurito</span> em va dir que em despullés. «¿¡Què!?» <span class="unknown">Me</span> va explicar, mentre es treia la roba, que no es podia passar vestit. En veure la meva cara, em va dir que almenys em tragués l&#8217;l'abric i la camisa. Vaig obeir sense queixar-se, encara que vaig pensar que potser m&#8217;havia passat de llest en dir que venia per allò de l&#8217;anunci.</p>
<p>﻿Els dos travessem unes segones cortines. Era el típic local semifosc i allargat amb la barra posada en un dels costats. Rere la barra, un noi d&#8217;uns 18 anys menjant pernil serrà en pilotes. En l&#8217;altre costat de la barra, <span class="unknown">Fran</span>, també nu, semiempalmat, revisant factures i fent anotacions en el que semblava un llibre comptable. Sí. Has llegit bé. Nu i fent la comptabilitat. No em preguntis per què.</p>
<p>En arribar a la seva <span class="alternative">altura</span>, em va preguntar si volia una cervesa. Jo li vaig dir que millor una <span class="unknown">Coca-Cola</span>: no volia res a veure amb alcohol allà dins. Va començar a fer-me preguntes típiques de les entrevistes: d&#8217;on era, què feia a Madrid i coses així. Tot hauria estat completament normal si no hagués estat sacsejant-se el nap cada cinc segons. Després va passar a explicar-me en què consistiria el meu <span class="alternative">treball</span>. «Tens algun problema en treballar desnudo?» «¿ Jo? No&#8230; És obligatorio?» <span class="unknown">Sacudida</span>. «Obligatori no. Com a mínim hauràs d&#8217;anar en calzoncillos.» «<span class="unknown">Ajá</span>.» «Hauries de treballar de 10 a 5, i després limpiar.» Sotrac. «<span class="unknown">Ajá</span>.» «També has de ser discret amb els clients. Si ells es posen a <span class="unknown">follar</span> a sobre de la barra, et poses a servir les copes per un altre sitio.» Sotrac. 		 	     <span style="background-color: #ffffff;"><span style="background-color: #ffffff;">«</span>Ajá.»</span><span style="background-color: #ffffff;"> </span>«Quin signe del zodíac eres?» <span class="unknown">Yo</span> crec que a hores d&#8217;ara i amb la cara d&#8217;ensurt que havia de tenir, ja no estava interessat en mi com a cambrer. «<span class="unknown">Ehhhh</span>&#8230; Aquari. Per?» <span class="unknown">Me</span> va posar la mà a l&#8217;espatlla i em va somriure. «Per si encaixàvem. «m&#8217;he d&#8217;ajeure amb tu per aconseguir el trabajo?» «<span class="unknown">Jajajajaja</span>&#8230; Jo no he dit això, hombre.» «Llavors, què has dicho?» <span class="unknown">No</span> va poder respondre&#8217;m. En aquell moment va aparèixer el barbut <span class="unknown">madurito</span> acompanyat d&#8217;una fustera <span class="unknown">bollera</span> (a ella sí la deixaven anar vestida). <span class="unknown">Fran</span> es va disculpar i els tres es van posar a discutir sobre una prestatgeria per als vasos que volien construir al final del local. Estava clar que no anava a treballar allà.</p>
<p>﻿A aquelles <span class="alternative">altures</span> jo vaig pensar que no podia ocórrer-me res més surrealista. Però el noi rere la barra va treure pa i mortadel·la i es va posar a fer un entrepà. Em va oferir la meitat i junts ens vam posar a veure l&#8217;àlbum de fotos del local. Però aquesta és una altra història.<!--:--><!--:de--></p>
<p>Me abrió la puerta un madurito barbudo vestido de cuero que parecía salido de <em>La ostra azul</em>. Hasta llevaba una gorra <em>leather</em>. «<em>¿Vienes por lo del anuncio?»</em> ¿Anuncio? ¿Qué anuncio? «<em>Sí, claro.»</em> «<em>Espera. ¡¡Fran!!</em>» Unos segundos después la cabeza de Fran, y <span style="background-color: #ffffff;">sοlo </span>su cabeza, asomó entre unas cortinas. «<em>Viene por lo del anuncio.»</em> Fran me miró <span style="background-color: #ffffff;">de arriba abajo</span>. «<em>Que pase</em>.» Y su cabeza desapareció nuevamente.</p>
<p>Pasamos al recibidor del garito. Yo iba a continuar cuando el madurito me dijo que me desnudara. «¿¡Qué!?» Me explicó, mientras se quitaba la ropa, que no se podía pasar vestido. Al ver mi cara, me dijo que por lo menos me quitase la el abrigo y la camisa. Obedecí sin rechistar, aunque pensé que a lo mejor me había pasado de listo al decir que venía por lo del anuncio.</p>
<p>Los dos atravesamos unas segundas cortinas. Era el típico local semioscuro y alargado con la barra puesta a uno de los lados. Tras la barra, un chico de unos 18 años comiendo jamón serrano en pelotas. Al otro lado de la barra, Fran, también desnudo, semiempalmado, revisando facturas y haciendo anotaciones en lo que parecía un libro contable. Sí. Has leído bien. Desnudo y haciendo la contabilidad. No me preguntes por qué.</p>
<p><span style="background-color: #ffffff;">Al llegar a su altura, me preguntó si quería una cerveza. Yo le dije que mejor una </span><em style="background-color: #ffffff;">Coca-Cola</em><span style="background-color: #ffffff;">: no quería nada que ver con alcohol allí dentro. Comenzó a hacerme preguntas típicas de las entrevistas: de dónde era, qué hacía en Madrid y cosas así. Todo habría sido completamente normal si no hubiese estado sacudiéndose el nabo cada cinco segundos. Después pasó a explicarme en qué consistiría mi trabajo. «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Tienes algún problema en trabajar desnudo?</em><span style="background-color: #ffffff;">» «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Yo? No&#8230; ¿Es obligatorio?</em><span style="background-color: #ffffff;">» Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Obligatorio no. Como mínimo tendrás que ir en calzoncillos.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><em style="background-color: #ffffff;"> «Tendrías que trabajar de 10 a 5, y luego limpiar.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">También tienes que ser discreto con los clientes. Si ellos se ponen a follar encima de la barra, te pones a servir las copas por otro sitio.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Qué signo del zodiaco eres?</em><span style="background-color: #ffffff;">» Yo creo que a estas alturas y con la cara de susto que debía tener, ya no estaba interesado en mí como camarero. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ehhhh&#8230; Acuario. ¿Por?»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Me puso la mano en el hombro y me sonrió. «Por si encajábamos.» «¿Me tengo que acostar contigo para conseguir el trabajo?» «Jajajajaja&#8230; Yo no he dicho eso, hombre.» «Entonces, ¿qué has dicho?» No pudo responderme. En aquel momento apareció el barbudo madurito acompañado de una carpintera bollera (a ella sí la dejaban ir vestida). Fran se disculpó y los tres se pusieron a discutir sobre una estantería para los vasos que querían construir al final del local. Estaba claro que no iba a trabajar allí.</span><br style="background-color: #ffffff;" /></p>
<p><span style="background-color: #ffffff;"> A aquellas alturas yo pensé que no podía ocurrirme nada más surrealista. Pero el chico tras la barra sacó pan y mortadela y se puso a hacer un bocadillo. Me ofreció la mitad y juntos nos pusimos a ver el álbum de fotos del local. Pero esa es otra historia.</span></p>
<p><!--:--><!--:en--></p>
<p>Me abrió la puerta un madurito barbudo vestido de cuero que parecía salido de <em>La ostra azul</em>. Hasta llevaba una gorra <em>leather</em>. «<em>¿Vienes por lo del anuncio?»</em> ¿Anuncio? ¿Qué anuncio? «<em>Sí, claro.»</em> «<em>Espera. ¡¡Fran!!</em>» Unos segundos después la cabeza de Fran, y <span style="background-color: #ffffff;">sοlo </span>su cabeza, asomó entre unas cortinas. «<em>Viene por lo del anuncio.»</em> Fran me miró <span style="background-color: #ffffff;">de arriba abajo</span>. «<em>Que pase</em>.» Y su cabeza desapareció nuevamente.</p>
<p>Pasamos al recibidor del garito. Yo iba a continuar cuando el madurito me dijo que me desnudara. «¿¡Qué!?» Me explicó, mientras se quitaba la ropa, que no se podía pasar vestido. Al ver mi cara, me dijo que por lo menos me quitase la el abrigo y la camisa. Obedecí sin rechistar, aunque pensé que a lo mejor me había pasado de listo al decir que venía por lo del anuncio.</p>
<p>Los dos atravesamos unas segundas cortinas. Era el típico local semioscuro y alargado con la barra puesta a uno de los lados. Tras la barra, un chico de unos 18 años comiendo jamón serrano en pelotas. Al otro lado de la barra, Fran, también desnudo, semiempalmado, revisando facturas y haciendo anotaciones en lo que parecía un libro contable. Sí. Has leído bien. Desnudo y haciendo la contabilidad. No me preguntes por qué.</p>
<p><span style="background-color: #ffffff;">Al llegar a su altura, me preguntó si quería una cerveza. Yo le dije que mejor una </span><em style="background-color: #ffffff;">Coca-Cola</em><span style="background-color: #ffffff;">: no quería nada que ver con alcohol allí dentro. Comenzó a hacerme preguntas típicas de las entrevistas: de dónde era, qué hacía en Madrid y cosas así. Todo habría sido completamente normal si no hubiese estado sacudiéndose el nabo cada cinco segundos. Después pasó a explicarme en qué consistiría mi trabajo. «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Tienes algún problema en trabajar desnudo?</em><span style="background-color: #ffffff;">» «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Yo? No&#8230; ¿Es obligatorio?</em><span style="background-color: #ffffff;">» Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Obligatorio no. Como mínimo tendrás que ir en calzoncillos.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><em style="background-color: #ffffff;"> «Tendrías que trabajar de 10 a 5, y luego limpiar.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">También tienes que ser discreto con los clientes. Si ellos se ponen a follar encima de la barra, te pones a servir las copas por otro sitio.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Qué signo del zodiaco eres?</em><span style="background-color: #ffffff;">» Yo creo que a estas alturas y con la cara de susto que debía tener, ya no estaba interesado en mí como camarero. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ehhhh&#8230; Acuario. ¿Por?»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Me puso la mano en el hombro y me sonrió. «Por si encajábamos.» «¿Me tengo que acostar contigo para conseguir el trabajo?» «Jajajajaja&#8230; Yo no he dicho eso, hombre.» «Entonces, ¿qué has dicho?» No pudo responderme. En aquel momento apareció el barbudo madurito acompañado de una carpintera bollera (a ella sí la dejaban ir vestida). Fran se disculpó y los tres se pusieron a discutir sobre una estantería para los vasos que querían construir al final del local. Estaba claro que no iba a trabajar allí.</span><br style="background-color: #ffffff;" /></p>
<p><span style="background-color: #ffffff;"> A aquellas alturas yo pensé que no podía ocurrirme nada más surrealista. Pero el chico tras la barra sacó pan y mortadela y se puso a hacer un bocadillo. Me ofreció la mitad y juntos nos pusimos a ver el álbum de fotos del local. Pero esa es otra historia.</span><!--:--><!--:es--></p>
<p>Me abrió la puerta un madurito barbudo vestido de cuero que parecía salido de <em>La ostra azul</em>. Hasta llevaba una gorra <em>leather</em>. «<em>¿Vienes por lo del anuncio?»</em> ¿Anuncio? ¿Qué anuncio? «<em>Sí, claro.»</em> «<em>Espera. ¡¡Fran!!</em>» Unos segundos después la cabeza de Fran, y <span style="background-color: #ffffff;">sοlo </span>su cabeza, asomó entre unas cortinas. «<em>Viene por lo del anuncio.»</em> Fran me miró <span style="background-color: #ffffff;">de arriba abajo</span>. «<em>Que pase</em>.» Y su cabeza desapareció nuevamente.</p>
<p>Pasamos al recibidor del garito. Yo iba a continuar cuando el madurito me dijo que me desnudara. «¿¡Qué!?» Me explicó, mientras se quitaba la ropa, que no se podía pasar vestido. Al ver mi cara, me dijo que por lo menos me quitase la el abrigo y la camisa. Obedecí sin rechistar, aunque pensé que a lo mejor me había pasado de listo al decir que venía por lo del anuncio.</p>
<p>Los dos atravesamos unas segundas cortinas. Era el típico local semioscuro y alargado con la barra puesta a uno de los lados. Tras la barra, un chico de unos 18 años comiendo jamón serrano en pelotas. Al otro lado de la barra, Fran, también desnudo, semiempalmado, revisando facturas y haciendo anotaciones en lo que parecía un libro contable. Sí. Has leído bien. Desnudo y haciendo la contabilidad. No me preguntes por qué.</p>
<p><span style="background-color: #ffffff;">Al llegar a su altura, me preguntó si quería una cerveza. Yo le dije que mejor una </span><em style="background-color: #ffffff;">Coca-Cola</em><span style="background-color: #ffffff;">: no quería nada que ver con alcohol allí dentro. Comenzó a hacerme preguntas típicas de las entrevistas: de dónde era, qué hacía en Madrid y cosas así. Todo habría sido completamente normal si no hubiese estado sacudiéndose el nabo cada cinco segundos. Después pasó a explicarme en qué consistiría mi trabajo. «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Tienes algún problema en trabajar desnudo?</em><span style="background-color: #ffffff;">» «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Yo? No&#8230; ¿Es obligatorio?</em><span style="background-color: #ffffff;">» Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Obligatorio no. Como mínimo tendrás que ir en calzoncillos.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><em style="background-color: #ffffff;"> «Tendrías que trabajar de 10 a 5, y luego limpiar.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">También tienes que ser discreto con los clientes. Si ellos se ponen a follar encima de la barra, te pones a servir las copas por otro sitio.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Sacudida. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ajá.»</em><span style="background-color: #ffffff;"> «</span><em style="background-color: #ffffff;">¿Qué signo del zodiaco eres?</em><span style="background-color: #ffffff;">» Yo creo que a estas alturas y con la cara de susto que debía tener, ya no estaba interesado en mí como camarero. «</span><em style="background-color: #ffffff;">Ehhhh&#8230; Acuario. ¿Por?»</em><span style="background-color: #ffffff;"> Me puso la mano en el hombro y me sonrió. «Por si encajábamos.» «¿Me tengo que acostar contigo para conseguir el trabajo?» «Jajajajaja&#8230; Yo no he dicho eso, hombre.» «Entonces, ¿qué has dicho?» No pudo responderme. En aquel momento apareció el barbudo madurito acompañado de una carpintera bollera (a ella sí la dejaban ir vestida). Fran se disculpó y los tres se pusieron a discutir sobre una estantería para los vasos que querían construir al final del local. Estaba claro que no iba a trabajar allí.</span><br style="background-color: #ffffff;" /></p>
<p><span style="background-color: #ffffff;"> A aquellas alturas yo pensé que no podía ocurrirme nada más surrealista. Pero el chico tras la barra sacó pan y mortadela y se puso a hacer un bocadillo. Me ofreció la mitad y juntos nos pusimos a ver el álbum de fotos del local. Pero esa es otra historia.</span></p>
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		<title>Cruising</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Dec 2008 15:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>In Mensa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace mucho tiempo, en un lejano baño de la planta sexta de unos establecimientos comerciales, la (homo)sexualidad se abría a un joven adolescente en forma de apretado hombretón de 2&#215;2 (anda, como los colchones de «LoMonaco») que le metió la lengua hasta la garganta. Al joven se le desbocó el corazón, y las piernas le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace mucho tiempo, en un lejano baño de la planta sexta de unos establecimientos comerciales, la (homo)sexualidad se abría a un joven adolescente en forma de apretado hombretón de 2&#215;2 (anda, como los colchones de «LoMonaco») que le metió la lengua hasta la garganta. Al joven se le desbocó el corazón, y las piernas le temblaron. Tuvo el impulso de salir corriendo, pero haciendo acopio de valor, deslizó su púber mano sobre los fornidos abdominales de aquel semental y&#8230; dejando de lado las escenas propias de una novela Danielle Steel, y siendo sinceros, tengo que decir que no era ningún hombretón 2&#215;2 sino un personajillo menudo y calvo con una barriguita treintañera. Lo único cierto es que fue en un baño público y que yo temblaba como un flan. No llegamos hasta el final, no por falta de ganas, sino porque en ese momento la limpiadora llamó a la puerta. Mostrando la sangre fría de los adolescentes, salí corriendo para tropezarme con la fregona y casi caer redondo al suelo. Él me siguió, me tranquilizó, me invitó a un café, me dejó su teléfono y cuando, días más tarde, hice la primera llamada, descubrí que los hombres no dicen siempre la verdad: «Perdone, está equivocado.» Pero esa es otra historia. Yo quería hablar del cruising.</p>
<p>Para estas cosas, las descripciones técnicas son las más divertidas, y la de la Wikipedia no podía ser menos: El cruising se define como el acto de caminar o conducir alrededor de una localidad en busca de compañeros sexuales, normalmente anónimos, casuales y distintos cada vez. Aunque lo de distintos cada vez depende de lo grande que sea tu pueblo. No obstante, creo que todos nos hacemos una idea.</p>
<p>Mi problema con el cruising es que lo echo de menos. Y por dos razones. La primera es que ya no lo practico porque algo, llamémoslo intuición (o amenaza directa de cortarme los cataplines), me dice que a mi novio no le haría mucha gracia. La otra razón es que cuando uno pasa por los míticos cotos de caza de la ciudad (y todos lo hemos hecho, intencionada o accidentalmente&#8230;sí, sí, no te hagas el loco) sólo ve frikies y viejales. Vale que mi hombre menudo no era un actor fetiche de Titanmen, pero había algo más de variedad.</p>
<p>¿Qué ha ocurrido? Interneeeeeeeeeee (que diría Enjuto Mojamuto). No quiero que se me malinterprete. Yo también soy tecnócrata. Yo también he practicado eso de «chico alto, moreno, ¿versátil?, joven busca marica que vaya a quedar libre en las proximidades de Mesa y López&#8230;¿ninguno libre?&#8230;Zona Mesa y López». Es cómodo. Consigues sexo fácil con el tío que te apetece sin tener que salir de casa y si ninguno te mola, pues no pierdes tanto el tiempo. Es rápido y efectivo. Casi quirúrgico. Además, para los que todavía no han salido del armario, pues les permite tener sus aventurillas con cierta (y cuestionable) discreción. Y ninguna limpiadora va a provocarte un coitus interruptus. Tiene muchas ventajas. Estoy de acuerdo.</p>
<p>Pero el cruising tiene algo especial. Tener sexo con alguien a quien no conoces, con quien no hablas, en un sitio público, donde pueden pillarte en cualquier momento&#8230; es emocionante. O al menos así lo recuerdo.</p>
<p>No es un gran argumento. Lo sé. A fin de cuentas, es añoranza. Si en el fondo soy un nostálgico&#8230; un poco zorrón&#8230; pero nostálgico.</p>
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